La autoestima – El sostén emocional del recién nacido

Autoestima. Psicología infantil en Tenerife. Psicólogo tenerife sur¿Conoces de dónde comienza a construirse la autoestima? Las vivencias del recién nacido.

“Cuída de mis manos, cuida de mis dedos
dame la caricia que descansa en ellos
no maltrates nunca mi fragilidad
yo seré la imagen de tu espejo..”
♥ Cuídame. Jorge Drexler y Pedro Guerra

Hay numerosas investigaciones en Psicología infantil y Psicología perinatal, que destacan la importancia del cuidado y la atención afectiva de la madre con el recién nacido. (Spitz, Klein, Winnicott, Stern, Bowlby son algunos).

Es indudable que más allá de las atenciones físicas (alimentarlo, asearlo) la atención emocional que la madre brinda es un aporte fundamental en la salud mental del niño. Para que la mamá pueda estar mentalmente dedicada a la comprensión de su bebé debe sentirse acompañada y apoyada por el padre, o quién cumple la función paterna.

Dentro de este tema extenso de crucial relevancia para el futuro desarrollo psíquico y emocional del bebé hoy me detendré en la necesidad de ser sostenido física y emocionalmente del bebé.

La importancia de la autoestima en el desarrollo humano

“Cuída de mis sueños, cuida de mi vida
cuída a quien te quiere
cuída a quien te cuida
no maltrates nunca mi fragilidad
yo seré al abrazo que te alivia…”
♥ Cuídame. Jorge Drexler y Pedro Guerra

La autoestima en el recién nacido está directamente relacionada con la mirada emocional de su mamá (o de quién cumple la función). No es el único factor que la constituye pero sí es el núcleo que da inicio a nuestra manera de mirarnos, valorarnos y querernos.

El interés que despierta en su mamá el bebé, la capacidad de interpretar sus necesidades en forma y tiempo adecuada permitirá al bebé un bagaje de experiencias satisfactorias que serán las reservas de su autoestima. Sentirse mirado, registrado, sostenido permitirá reducir las sensaciones de malestar por las que atraviesa el recién nacido: hambre, frío, sueño, molestias digestivas…

La necesidad de un otro

El niño al llegar al mundo necesita de un otro para desarrollarse, que suele ser su madre o quién cumple su función. Precisa ser registrado, sostenido, mirado y nutrido emocionalmente. El ser humano en su desvalimiento requiere de su mamá para ser alimentado, aseado, cuidado, pero sus requerimientos van más allá de tener cubiertas sus necesidades biológicas. El bebé requiere ser contenido en un mundo desconocido que le es ajeno. Que es inmensamente grande desde la invalidez del niño.

Mientras el bebé se encontraba en el vientre de su mamá contaba con una gran barrera de estímulos ante la luz, los sonidos. Allí, podía alimentarse continuamente y no existía ni sensación de frío ni de calor. Pasado el trabajo de parto (o cesárea) el bebé se encuentra en un espacio físico que le representa una inmensidad. Por ello, ser arroparlo, cargado junto al pecho, ser sostenido con firmeza será fundamental en esta etapa. Será a través de sus sensaciones corporales de contención y sostén que su psiquismo podrá incorporar también la experiencia de ser sostenido emocionalmente, aportando seguridad.

La contención

Estas vivencias de contención o no, nos acompañan en la vida adulta. Haberse sentido cuidado y contenido permiten percibir el mundo de una manera segura o menos amenazante. Cuanto más se repiten las experiencias de ser entendido y contenido más crece la mirada positiva sobre uno mismo y sus capacidades de obtener buenas sensaciones con el mundo y los que nos rodean.

El bebé requiere de una madre viva y sensitiva

La contención y sostén emocional de una madre atenta a decodificar sus necesidades básicas de cuidado y amor serán el reservorio de su vida futura. Estas primeras experiencias de satisfacción y contención serán fundantes de la autoestima y de la sensación de no estar sólo en un mundo desconocido. (Michelena)

Ser mirado

La mirada de la madre tiene una función fundamental de sostén que permite sentirse registrado, brinda la sensación de existencia, de estar ahí. Aún de una manera indiferenciada con su mamá y el mundo que le rodea, pero sienta las bases para que su integración gradual pueda desarrollarse saludablemente.

Experiencia de intimidad

Es con su madre con quién el bebé experimenta una relación cálida, íntima y continua, que proporciona satisfacción y goce a ambos. En la lactancia el niño en contacto a través de su piel, con la piel de la madre experimenta la primer y fundamental vivencia de intimidad. Mediante los cuidados que la madre le ofrece despierta su curiosidad a través del olfato, el tacto, el oído. En esta primer etapa es a través de la boca y su chupeteo el canal principal de incorporación del mundo para el niño. Gracias a su boca el bebé no sólo se alimenta sino que descubre texturas, temperaturas, objetos.

La “pasividad” del recién nacido

Pareciera que un bebé recién nacido poco hiciese y estuviese en pasividad; sin embargo observando distintos bebés puede apreciarse cómo cada uno tiene su manera de comer, su forma de llorar, su posición de dormir… Hasta en la lactancia misma de horas de nacido tiene su sello característico. Hay bebés que presionan con fuerza y voracidad, otros que casi acarician el pecho. Su madre le ofrece el pecho pero es el bebé desde su lugar activo en la succión quién incorpora el alimento desde su modo característico. La idea de un bebé en total pasividad se cae ante la observación suspicaz y sensible de una madre atenta a sus señales.

Bibliografía de referencia:
Winnicott, D.,(1896-1971) Obras Completas.
Michelena M. Un año para toda la vida.

La autoestima – El sostén emocional del recién nacido
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