¡Te quiero, (casi) siempre! – Madres y el post parto

Psicología en Tenerife - Depresión post parto y maternidad. Madres Ambivalencia maternal.

¿Buenas o malas madres?, ¿Es la maternidad el idilio soñado?, ¿Puede mi hermoso bebé provocarme fastidio? La ambivalencia en la maternidad.

Hoy quiero traer un tema muchas veces dejado de lado al hablar de la maternidad y que afecta en gran medida la posibilidad de desarrollar las funciones parentales. Me refiero al reconocimiento de los sentimientos negativos experimentados junto a los positivos por las mamás en relación a sus bebés.

Suele ser más frecuente hablar de todas las emociones gratificantes y estimulantes que la llegada de un niño pueden provocar en su madre. La mamá de un recién nacido suele estar encantada, enamorada de su pequeño bebé y es esperable que así sea. Todo de él le parece precioso, sus manitos, sus gestos. Cuando la mira o cuando le sonríe se olvida del mundo.

Pero en la medida que pasan los días, las semanas, los meses, las emociones pueden intercambiarse con sensaciones de cansancio, agobio y frustración. Una mezcla entre el reto y responsabilidad que implica ser madre y la gran satisfacción se serlo.

“Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar…”

Caricias – Gabriela Mistral

Hablamos del cansancio, agobio, fastidio y rechazo que algunas actrices, periodistas y diversas mujeres se animan a mostrar su manera de vivir los aspectos negativos -muchas veces obviados- de la maternidad. Tener hijos es perder calidad de vida”, “Desde que soy mamá no cuento con tiempo para leer en tranquilidad, darme una ducha tranquila, escuchar la música que me gusta, ni vestir de blanco… Poniendo sobre la mesa un tema que muchas veces se pasa por alto cuando hablamos de maternidad, la ambivalencia de los sentimientos experimentados por las mamás en relación a sus hijos.

Me refiero a los sentimientos puntuales, normales, frecuentes, pero; cuando la irritabilidad, el cansancio, se acompañan de una tristeza extrema, un llanto recurrente, con un rechazo continuado hacia el bebé, una incapacidad para cuidarlo; puede estarse tratando de una depresión post parto, que requiere una ayuda psicoterapeútica especializada. Una mamá deprimida no dispone de la sensibilidad para captar muchas de las necesidades de su bebé. Pero volvamos al campo de la normalidad.

¿Qué es la ambivalencia?

La ambivalencia está compuesta por la experimentación de sentimientos de amor y de odio hacia la misma persona que se desarrollan en nuestro interior de una manera más o menos consciente. Esta presente en cada una de nuestras relaciones, no necesariamente es patológica y no la podemos evitar. Ya que no existe la relación afectiva de puro amor o puro odio, ambos sentimientos van relacionados y se encuentran en conflicto en nuestro interior.

Nos sucede -nos demos cuenta o no- con cada uno de los hijos, con la pareja, con los amigos; nos encantan por unas cosas y nos fastidian por otras. Eso también es parte de la vida y de los vínculos que establecemos.

La ambivalencia esta presente en los seres humanos desde que nacemos, el amor y el odio hacia nuestras primeras figuras de apego, dirá John Bowlby, un reconocido Psicoanalista Inglés, son inevitables. Freud introdujo el término en 1912 -tomado de Bleuler- en su escrito sobre interpretación de los sueños y luego en relación a los sentimientos ambivalentes experimentados por los niños hacia sus hermanos en los celos fraternos y sus padres en la rivalidad edípica.

El grado de regulación de este conflicto entre sentimientos amorosos y odio es lo que caracterizará la salud psíquica y emocional de los seres humanos. Cada uno debe buscar el modo de ubicarse en esas contradicciones y decir las cosas que le molestan sin causar un daño irreparable. Por ello, el odio es normal y forma parte de todas las relaciones normales humanas.

La ambivalencia en el embarazo

La ambivalencia está presente desde los inicios del embarazo: ¿Me quedo embarazada ahora?, ¿Lo dejo para más adelante?, ¿Es buen momento? ¿Aun no se…? Preguntas que toda mujer con deseo de ser madre se realiza antes o después. Y cuando llega la “gran noticia” llega acompañada de una gran turbulencia emocional y hormonal. ¿De verdad quería? ¿Y ahora? ¿Podré ser buena madre? ¿Cómo conciliar?

Muchas son las mujeres que al encontrarse con sentimientos de rechazo en el embarazo solicitan ayuda psicológica. Pero la ambivalencia es expresión de un componente esencial de toda nuestra vida. Este conflicto está presente entre las ilusiones por el bebé que crece y el rechazo a la situación que puede manifestarse a través de variados síntomas físicos en el embarazo: las nauseas, los vómitos, sus sueños y todos los síntomas que la madre usa para manifestar su mundo emocional.

En diferentes momentos de la vida descubrimos que, si elegimos un camino, hemos de olvidar otros que también quisiésemos seguir: descubrimos que no podemos comer el pastel y seguir teniéndolo. Así, durante toda nuestra vida nos vemos enfrentados con la tarea de elegir intereses que rivalizan en nuestro propio interior y de resolver conflictos entre impulsos irreconciliables.

Conciliación

No se pueden negar las dificultades con las que se enfrentan aquellas mujeres que tienen que satisfacer las necesidades del lactante. Sintonizar con él para responder adecuadamente, con la urgencia desesperada del recién nacido. Conocerlo, dedicarse a él y gradualmente, en al medida que el niño crece, buscar su modo de conciliar las exigencias familiares y laborales, aspectos que pueden despertar una gran frustración. La solución no resulta fácil y excede la intención de este artículo, pero no deja de ser un aspecto que puede dificultar las vivencias en la maternidad, en las renuncias y dedicaciones que un recién nacido requiere de su mamá durante un tiempo. La sociedad tiene todo un reto por delante en cuanto a este aspecto.

“La rosa colorada
cogida ayer;
el fuego y la canela
que llaman clavel…
…todito tuyo
hijito de mujer,
con tal que quieras
dormirte de una vez”.
Con tal que duermas de una vez – Gabriela Mistral

 

¿Malas madres?

Algunas mujeres pueden sentirse “malas” madres por sentirse molestas en ciertos momentos con sus hijos. Aparecen foros de las “malas madres”, “madres arrepentidas”, madres que sienten que no encajan en el mito de la panacea de la maternidad siempre feliz, de la mujer plena y realizada, dedicada al completo a sus hijos.

El cansancio, el aburrimiento, la desgana y el odio también forman parte de la vida. Cualquier madre normal puede querer dejarlo todo el día en casa de su abuela, “que se lo llevé el padre por un mes”, “que desaparezca de su vistapero al instante lo mira y, en cuanto le sonríe, a ella se le olvida que estaba cansada y saturada de su llanto, y lo vuelve a querer y lo cuida.

¿Madres ideales?

Otras madres no soportan la idea de experimentar esta ambivalencia e intentan negar estas emociones negativas que creen incompatibles con el amor maternal. Prefieren no hablar del tema, mirar para otro lado y seguir maquillándose cada mañana la sonrisa de satisfacción completa. Exigiéndose llevar adelante una imagen de madre ideal que nada tiene que ver con la madre humana.

“Niño, dejá ya de joder con la pelota,
niño, que eso no se dice,
que eso no se hace, que eso no se toca…”
Joan Manuel Serrat

Negar la ambivalencia, es negar sentimientos inevitables, que están presentes, por lo que es negarnos un aspecto de nosotros mismos. Si nos quedamos con una imagen idealizada de la maternidad, de los afectos, de la vida, cuando tengamos ganas de que el niño “no joda más con la pelota” -tan poéticamente expresado por Joan Manuel Serrat- nos puede hacer sentir anormales, inadecuadas o malvadas. Y no hay razón. No se trata de querer menos a los niños, ni de descuidarlos o maltratarlos, tampoco impide que a la vez podamos disfrutar de la satisfacción que un hijo provoca.

Simplemente madres

¿Qué necesitan los niños? Una madre normal, que en el primer tiempo se brinda en exclusiva y gradualmente va retomando otros intereses y deseos. Un deseo profesional, artístico o por una pareja. Madres que se observan, se interrogan, quieren conocerse, aunque sea en los aspectos más desagradables de sí mismas. Que van tomando consciencia de estos sentimientos ambivalentes presentes en la maternidad, a veces en su espacio terapéutico. Madres que se cansan de sus hijos a pesar de amarlos, madres que de vez en cuando se saturan y tienen ganas de volver a su vida independiente de solteras, que a veces se irritan y pierden la paciencia. Que son capaces de sentir y expresar la ambivalencia de amor y odio sin ahogar al bebé con sus desvelos ni tirarlos por la ventana por su desesperación. (Michelena)

Mujeres dispuestas a comprenderse y entenderse, a aceptarse y a cuidar de este modo el vínculo que establecen con sus hijos. Madres que ayudan a sus hijos a reconocer sus emociones contradictorias si han podido reconocer la propia rabia. Si se ha permitido sentir rabia, ha sobrevivido a ella y le ha vuelto a querer. Es decir, ha pasado por la experiencia de odiar a su bebé sin por ello abandonarlo, maltratarlo o descuidarlo.

Madres lo suficientemente buenas y malas

Donald Winnicott decía que hace falta una madre suficientemente buena, normal, no ideal y que hace lo que puede, con sus dificultades y destrezas, que intenta hacer lo mejor que puede en sus circunstancias. A lo que Mariela Michelena agrega y una madre suficientemente mala, que no quiere decir que sea una madre maltratadora o que descuide a su hijo, sino capaz de reconocer que nada es totalmente bueno y nada es totalmente malo.

Madres que reflexionan sobre ciertas conductas o modos de hacer con sus hijos que les provocan incomodidad, malestar, una cierta incomprensión. Madres que se interrogan sobre lo que sus hijos les despiertan, desconcierto, repetición o aspectos desagradables personales. ¿Cómo quererlo sin malcriarlo?, ¿Cuidarlo sin ahogarlo?, ¿Cómo acompañarlo sin marcarle el ritmo?, ¿Domesticarlo sin dañar su naturaleza?, ¿Cómo dar su espacio sin que se sienta abandonado?

Para esas madres que se interrogan, que son en parte buenas y en parte malas va mi reconocimiento en este día. A las madres que buscan conciliar, su pareja, su vida laboral y familiar; intentando crear nuevas fórmulas actuales en las que desempeñar su rol; para ellas y las futuras madres, va mi reconocimiento y gratificación.

Citas:
Bowlby J (1998). El apego y la pérdida, v. 2. Biblioteca de psicología profunda 49. El Apego y la pérdida. Paidós.
Michelena M. (2009) Un año para toda la Vida. Ed. Planeta Madrid.
Mistral G. (1889-1957)  Con tal que duermas una vez. Caricias.
Winnicott W. (1896-1971) Obras completas.

¡Te quiero, (casi) siempre! – Madres y el post parto
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