Los duelos del inmigrante – Psicología y migración

Los duelos del inmigrante. Psicología e inmigración

Los duelos forman parte del camino que todo inmigrante transita en su proceso de adaptación e inserción en la tierra que lo recibe. Duelo por lo dejado, por lo que no pudo ser, lo que no será y por todo lo perdido, que es mucho. En la balanza lo positivo y conseguido puede compensar, nunca reemplazar, sin que por ello lo perdido deje de doler.

Al andar se hace camino

“Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar”.
Antonio Machado

Ya ha quedado atrás el tiempo de decisiones, de armar maletas y atravesar distancias buscando un sueño (Ver artículo 1 de la serie). Mucho ha cambiando y hemos cambiado en nuestra lucha por adaptarnos. (Ver artículo 3 de la serie) Ha pasado el tiempo, nos han pasado cosas, han ocurrido sucesos en nuestros países de origen y también en el que nos acogió con menor o mayor entusiasmo. La burocracia ha ido dando respuesta y las diferentes monedas y leyes de extranjería han continuado fluctuando junto a nuestras emociones. Lo desconocido se nos ha vuelto conocido y lo antes conocido ahora nos resulta desconocido.

Hemos experimentado sensaciones de exaltación y novedad junto a otras de soledad y desamparo (Ver artículo 2 de la serie). Acumulado nuevos equipajes y resignado otros. Algunas de nuestras viejas pertenencias ya no nos van y otras cosas se han ido desgastando o desperdigando en algún tramo del camino. Pero al llegar alguna mudanza -de las que los inmigrantes tenemos master honorífico- nos hemos percatado del peso que ha cobrado nuestro equipaje. ¿Que arrastramos? ¿Qué nos cuesta llevar? Algo puede haber quedado en un bolsillo de nuestra maleta aún sin tocar.

La abro o no la abro

“Hay quien ve la luz al final de su túnel
y construye un nuevo tunel, pa´no ver,
y se queda entre lo oscuro, y se consume,
lamentando lo que nunca llegó a ser”
♥ Parao Mercedes Sosa.

 

¿Este compartimento estuvo siempre ahí? ¿Puede ser que no la haya visto? ¿Qué he guardado ahí? Tal vez no es algo muy importante para haberlo dejado ahí de lado sin usar ¿La abro o no lo abro? Ahora sé que existe ¿Podré vivir sin saber qué hay? ¿Y si lo que encuentro no me gusta? ¿Serán bártulos de otras decisiones, otros sucesos, otro tiempo, que se nos han ido acumulando? ¿Asuntos pendientes? ¡Con todo lo que he pasado… y sobrevivido! ¿Por qué me asusta? Quiero ver y no quiero… y así vamos como barriendo bajo la alfombra para que no se vea, pero sabemos que sigue ahí, la pisamos y hasta la respiramos a diario. Ya descubrimos que existe una cremallera y ahora ya no nos sirven ni las gafas oscuras ni las de colores para poder pasarla por alto.

¿Qué nos asusta? Es que en ese doble fondo de la maleta, una vez animados a abrir esa cremallera, traemos peso extra que como polizones profesionales han sabido ocultarse en el primer hueco que encontraron a mano. A algunos  los hemos descubierto ni bien iniciado el viaje, otros se han destapado al bajar en otra tierra y otros han ido apareciendo bastante tiempo después al abrir un último bolsillo que parecía insignificante. Polizones que nos confrontan con nuestras pérdidas, desilusiones, culpas antiguas y nuevas, ajenas y propias. Algún viajero con mayor sensibilidad los pudo haber visto al confeccionar la maleta, pero otros viajeros más distraídos han venido arrastrando equipajes pesados casi imposibles de mover. Y es que navegar con anclas en el mar no ayuda a ningún navío.

Los polizones

“Buenos aires suspirando por ti,
bajo el sol de otro cielo,
cuanto lloró, mi corazón
escuchando tu nostálgica canción…”.
♥ Canción de Buenos Aires. Carlos Gardel

 

Los polizones representan nuestros duelos pendientes y el duelo ligado a la migración que incluye nuestras pérdidas, sentimientos de soledad y vivencias de desamparo que forman parte del desarraigo. Algunos antes, otros después, los inmigrantes nos encontramos con la añoranza de lo dejado, la tristeza de lo que no puede ser, el miedo y la soledad, y el dolor de ya no estar. Por más que lo rodeemos, no se escapa al proceso de duelo que poco a poco, como sin darse cuenta uno, se nos presenta.

Los polizones se nos van presentando ahí sin más y un día distraídos pueden instalarse con nosotros. Algunos son pequeños y aparecen en ciertos momentos, pero otros, pueden haber cobrado dimensiones ensombrecedoras alimentados de antiguas pérdidas. El pasar página saltando el gran océano no ha podido evaporar sufrimientos, rupturas, desilusiones, pérdidas, relaciones conflictivas, sentimientos de culpa, dificultades antiguas… sino que han viajado dentro de uno. Y es que resulta que empezar una nueva vida, sabe mucho a la antigua.

El duelo por realizar

“Las desgracias hacen fuerte al sentimiento
se asimila cada golpe que ha aguantao.
La memoria se convierte en un sustento,
celebrando cada río que se ha cruzao. ”
♥ Parao Mercedes Sosa.

Un duelo no implica únicamente la pérdida de un ser querido sino que: “El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal” (Sigmund Freud).

John Bowbly, Psicoanalista británico, definió al duelo como la posibilidad de hacer en el mundo interno los cambios correspondientes a los que ha habido en el mundo externo. Por ello todo duelo requiere sus etapas (negación, rabia, pena, aceptación), es doloroso y exige dedicarle un tiempo para poder transitarlo. Freud hablaba de todo un trabajo de duelo, un tiempo en activo y no sólo un dejar pasar el tiempo. Por ello los tiempos de duelo no son generales para todas las personas y circunstancias, sino que van ligados a su historia y singularidad. 

Los duelos, nos dice la Psicoanalista Mariela Michelena, son parte de la vida, son inevitables y aunque largos y dolorosos tienen fecha de caducidad; pero para poder dejarlos atrás hay que trabajarlos con el cometido que requiere todo duelo. Aunque nos empeñemos en esquivarlos o maquillarlos continúan ahí pendientes. No poder reconocer y ver el duelo, a la larga nos sale muy caro, reconocerlo, atravesarlo, sufrirlo, llorarlo termina resultando más rentable.

Por eso, luego de los tiempos eléctricos e hiperactivos del Rock and Roll  del primer tiempo en el proceso de integración del inmigrante le sigue una etapa de tangos y baladas tristes. Ya más adelante volverán tiempos de pop desenfadado, boleros de amor y bailes de gracioso claqué.

Los duelos en tiempos actuales

“No está mal sumergirme otra vez
ni temer que el río sangre y calme
sé bucear, el silencio…
tarda en llegar y al final,
al final hay recompensa”
♥ Zona de promesas. Gustavo Cerati

Hoy en día inmersos en la “sociedad de la felicidad” los duelos tienden a ser relegados más del lado de la psicopatología y los trastornos mentales que de las crisis vitales. Se los deja bien aisladitos y tapados con lo primero que se encuentra a mano, libros de autoayuda, consumos varios, fármacos u otros tapones. Como la peste, parece que el dolor del duelo pudiese volverse peligrosamente contagioso y hay que escabullirse en épocas de primacía de la positividad.

Puede resultar complejo elaborar un duelo en los tiempos actuales en donde ante toda muestra mínima de tristeza, desgano o malhumor se les indicase cambiar de Coach o de Psicólogo. ¡Venga, pasa página! ¡Cambia esa cara!, ¡No te pongas así que le afecta a tu bebé!, ¡A tu madre no le gustaría verte así! Resulta que a uno tampoco le gusta sentirse como se siente, pero un duelo no se puede esconder eternamente y uno necesita poder sentirse como sea y llorar lo que haga falta, para luego llegar a entender el sentido del propio llanto, de lo perdido, para descubrir más sobre uno mismo, sobre el dolor, el amor y la vida.

Los duelos son un proceso normal y necesario en la vida de una persona y los duelos que son evitados o postergados, sabemos que permanecen ahí acumulándose, agregando peso al equipaje de la vida, que como al preso su grillete, impide caminar. Desde la Psicología sabemos que cuando los duelos se estancan e impiden continuar pueden dar lugar a todo tipo señales o complicaciones más de tipo depresivas o melancólicas, a veces disfrazadas en adicciones, fobias, conductas maníacas, somatizaciones. Y todas estas manifestaciones tienen de denominador común, que suelen requerir de ayuda profesional, sobretodo cuando la persona cuenta con menos posibilidades para reconocer, sentir, expresar, tolerar y elaborar su duelo.

El duelo y la primera visita ¿Visita?

“Vuelvo al sur,
con mi deseo, con mi temor
llevo el Sur,
como un destino del corazón,
soy del Sur,
como los aires del bandoneón.”
♥ Vuelvo al sur. Astor Piazzolla y Fernando Solanas

Los duelos pueden quebrantarse en las visitas, ser sacudidos como cubitos de hielo en un girar y girar hasta derretirlos. Tal vez por eso cuesta tanto volver, regresar a comprobar los que ya no están y lo que ya no es. Y es que toda estancia en el país dejado conlleva una gran confrontación aunque no esté en juego la idea de retorno. Por un lado con un gran deseo manifiesto de reencuentro con todo lo abandonado, pero también con un gran temor al desencuentro. Como un querer ratificar o rectificar con lo que encuentra su decisión de haberse ido.

Las visitas permiten comprobar que lo que se ha dejado sigue estando, que no todo ha desaparecido y “que los que se han quedado nos han perdonado por haberlos abandonado, que no nos han olvidado, y que aún nos quieren”. (Grinberg y Grinberg) También para el grupo que nos vio partir puede confirmar que algunas de sus fantasías sentidas -envidia, resentimiento o culpa depositada- no nos han dañado.

La confrontación con las pérdidas

“¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón…”
♥ Mercedes Sosa

En las visitas suelen darse vivencias de recuperación de cosas que se creían perdidas, por ejemplo el reencuentro con viejas amistades que han perdurado. A veces, también se comprueban pérdidas, que “pueden ser vividas por algunas personas como consecuencias de haber sido despojadas de sus pertenencias y “echadas de su casa”, aunque se hayan ido voluntariamente.” (Grinberg y Grinberg)

El rol de mejor amigo que ahora puede ocuparlo otro, a los sobrinos hay que conquistarlos nuevamente, los nietos reencontrarse con sus abuelos, la propia casa tiene otros habitantes, los discos de colección están desperdigados entre el trastero, aspectos que pueden despertar además de dolor y celos, un sentimiento de extrañeza. Como ver un gran hermano de nuestra vida sin nosotros. Imaginando quién se calza nuestros zapatos, quién esconde las fotos y quién nos extraña frente a nuestros libros que han quedado.

Duelos que traemos para re-elaborar en el equipaje de cada visita. Pero ahora ya no vienen colados como polizones disimulados, vienen sentados al lado nuestro, los traemos en brazos, los cuidamos como equipaje frágil que una vez tramitados den valor a la visita. Los pasajes son caros, pero las emociones del ser recibidos y las despedidas agregan costes como tasas de aeropuerto de último momento. Encuentros, despedidas, encuentros, abrazos, lágrimas, nuevas añoranzas hasta una nueva oportunidad de encuentro.

La aceptación

“Lo que perdí lo he llorao,
si yo he vivido sobrao,
dando gracias por las cosas
que en la ruta me he encontrao.
Sumo y resto en carne propia,
de mi conciencia abrazao”.
♥ Parao Mercedes Sosa

Los inmigrantes podremos salir más o menos reforzados de la vivencia migratoria según hayamos podido reconocer, sentir, expresar y finalmente elaborar los numerosos duelos, duelos siempre singulares y propios. Una vez recorrido el duelo llegamos a su última etapa que se caracteriza por la aceptación de lo perdido y de lo ganado, que nos permitirá unir nuestro corazón repartido entre dos tierras, integrar nuestros afectos y salir fortalecidos después del dolor.

Atravesar el duelo trae sus recompensas, nos permite sentirnos más integrados y reforzados, nos ayuda a aceptar que en la vida se gana y se pierde, y que sin saber perder poco se puede ganar. “La vida es una… y porque es una para gozarla hay que poder sufrirla también, aunque no nos agrade”. (Grinberg y Grinberg)

Sólo aceptando lo perdido podemos reconocer y disfrutar lo ganado, lo conquistado, para desde allí entregarnos comprometidamente con la tierra que nos acogió para sembrar y construir. De esas sólidas raíces crecerán hijos, nuevos proyectos, amistades, reconocimientos y parejas. Podremos tomar lo que la nueva tierra nos ofrece y salir enriquecidos de la experiencia migratoria, y de los valiosos aportes que ofrece la multiculturalidad. Una vez transitado el duelo habremos aprendido mucho de la vida, del dolor y de la soledad, sabremos un poco más acerca de las oportunidades de superación, de la ilusión y del amor; pero sobre todo habremos aprendido aspectos valiosos de nosotros mismos.

Bibliografía de referencia:
Freud, S. (1917) Duelo y melancolía. Obras Completas. Tomo XIV. Ed. Amorrortu.(1979)
Grinberg, L. y Grinberg, R. (1984). Psicoanálisis de la migración y del exilio.  Alianza Editorial, Madrid, 1984
Michelena, M. (2012) Me cuesta tanto olvidarte. Ed. La esfera de los libros. Madrid.

Artículos relacionados: (1) La maleta del inmigrante. y (2) El desamparo en la migración. (3) Los mecanimos de defensa del inmigrante. (5) Tomo la maleta y retorno. (6) La identidad en el inmigrante  (7) La migración en la infancia y la adolescencia.  (8) Psicoanálisis aplicado – Un proyecto en un campo de refugiados.

Los duelos del inmigrante – Psicología y migración
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