Día internacional de la Familia

Parentalidades. Psicología Tenerife. psicólogo de familiaLa Organización Mundial de la Salud viene celebrando cada 15 de Mayo desde 1993 el día internacional de la familia, poniendo de relieve el lugar trascendental que la familia tiene para todo ser humano en el transcurso de su vida.

Sabemos que los agrupamientos familiares han ido cambiando en las últimas décadas, y esto nos lleva a nuevos cuestionamientos a cerca de la importancia de la familia. ¿Qué permanece y qué ha cambiado en las familias? ¿Sigue siendo relevante su lugar?

“Cuando mis hijos eran pequeños solía jugar a un juego con ellos.
Le daba una ramita a cada uno, una ramita pequeña…
y les decía: ¡rompédla! podían hacerlo, es muy fácil.
Luego les decía: atadlas todas juntas y tratar de rompédlas. No podían.
Entonces les decía, esas ramas juntas, es la familia.”
Extracto de “Una historia verdadera” David Lynch

Diversidad de familias

La familia ya no tiene una única organización y ha ido desarrollándose movida por personas deseosas de armar un lugar de vínculos primarios. La familia típica, compuesta por madre, padre e hijo o hijos, denominada familia tradicional ha sido el modelo familiar habitual y de referencia para muchos historiadores, religiosos, psicólogos, filósofos durante un gran período. A veces puesta de relieve como ejemplar, lo cual ha dado lugar a todo tipo de prejuicios y complicaciones cuando no era este el caso, porque familias diversas han existido siempre.

También hemos contado desde la antigüedad con familias extensas en donde el rol y cuidado era asumido por tíos y/o abuelos. A veces dando lugar a sesiones intrafamiliares sobre el cuidado de algún niño, por enfermedad, traslado, organización del hogar.

Luego fueron ganando visibilidad las familias adoptivas, acogentes, separadas, monoarentales, ensambladas (en donde cada miembro de la pareja aporta hijos de una anterior pareja). Algunos autores consideran que la familia nace con el primer hijo, pero está opción deja afuera a quienes desde su propio deseo no contemplan esta opción. Las familias sin hijos, antiguamente ligadas a infertilidad, aunque cada vez más reconocidas también como una decisión que no necesariamente va ligada a las capacidades reproductivas.

Con los avances de la ciencia en la fertilidad, nos encontramos actualmente con una amalgama de nuevas familias. Neofamilias. Las nuevas técnicas de fertilidad han separado la parentalidad de la sexualidad, como tiempo antes distanciaron los anticonceptivos a la sexualidad de la parentalidad, llegando a resultados que hace unas décadas parecían de ciencia ficción. Parejas o personas solas de cualquier identidad de género que recurren a la subrogación de vientres, donación de óvulos y/o esperma y demás técnicas de fertilidad en donde la constitución de una pareja afectiva heterosexual dejó de ser el único elemento fundamental para engendrar un hijo.

Actualmente tener un hijo, se considera un derecho humano, y el deseo de conformar una familia se expresa con gran intensidad en personas más allá de sus identidades de género o elecciones de objeto.

¿Han cambiado las funciones parentales?

Entendidas desde el psicoanálisis, las funciones parentales no dependen de factores externos (matrimonio, heterosexualidad o deseo manifiesto de hijo) sino más bien de la salud mental de las personas que ejercen la función de progenitores ya sea en forma conjunta o monoparental.

Las funciones parentales hacen referencia a dos aspectos combinados, ligados a las conceptualizaciones que se denominan funciones maternas y funciones paternas. Se trata de funciones a desempeñar que no necesariamente van ligadas a una persona, ni a un sexo en particular y que se representan sin la necesidad de lazos sanguíneos. La  función materna, que reconforta y cuida, aporta una presencia corporal continua en los primeros años. Y la función paterna puede definirse por una presencia discontinua, que representa la ley e introduce el mundo social y profesional.

Las funciones parentales no vienen dadas por los modelos de género, que indican las conductas o los patrones educativos que los padres y madres pueden realizar, sino por un efecto que tienen que ver con funciones estructurantes del psiquismo. Tampoco pueden entenderse como un conglomerado de  consejos de puericultura, crianza y educación de los hijos, más allá de que pueda resultar interesante conocer ciertos aspectos que contribuyen en el día a día de la interacción padres e hijos que nos aportan otras disciplinas. Sino que las funciones parentales desde el psicoanálisis tienen que ver con funciones que resultan esenciales para que la constitución psíquica del niño pueda darse.

A su vez, tampoco hacen alusión a la cantidad o calidad amorosa de los vínculos, aunque sin duda sin amor mediante es complejo desarrollar una sensibilidad para comprender los indicios comunicativos del bebé recién nacido y para poder contar con una disposición o entrega que requieren las funciones parentales.

El lugar de la infancia en Psicoanálisis

La investigación psicoanalítica iniciada por  Sigmund Freud ha puesto de relieve la importancia de las primeras relaciones de sostén, cuidado y amor para el desarrollo pleno del ser humano. Relaciones que se dan en la intimidad del núcleo familiar y que forman parte de la historia infantil a la que de algún modo remiten las futuras desdichas, duelos y síntomas de la adultez.

Psicoanalistas post freudianos (Melanie Klein, Winnicott, Bowbly, Spitz, Stern por citar algunos) continuaron en esas investigaciones hasta las etapas más precoces del recién nacido, dando cuenta de la gran trascendencia que la familia representa en el establecimiento de los vínculos primarios para entender el desarrollo normal y patológico de niños, adolescentes y adultos. Resaltando el papel central que, en la constitución de un sujeto desempeña la identificación con los padres, la relación de los padres entre sí y el papel desempeñado por cada miembro de la familia dentro de una red de interrelaciones inconscientes, más allá del ambiente.

En cierta medida, es en la familia donde se jugarán muchos de los aspectos que afectarán nuestra manera de ver el mundo, desenvolvernos en él y relacionarnos con los demás en la vida adulta. “La capacidad para el amor, para el desarrollo adecuado de la sexualidad, para la creatividad, para la vida, en definitiva, de los seres humanos, así como muchas de sus dificultades para desarrollar de forma satisfactoria las distintas etapas de la vida, de la infancia y de la adolescencia, para afrontar las distintas frustraciones, separaciones, duelos, adquieren un nuevo significado, una mayor clarividencia y comprensión a la luz de las primeras relaciones”. (Muñoz)

¿Qué permanece en las familias?

Podemos observar que se han dado cambios en el contexto familiar, cultural y social pero los modos de funcionamiento y constitución del psiquismo en la infancia permanecen; y para que este desarrollo se dé, el niño sigue necesitando de una familia. La fragilidad del ser humano al nacer continua necesitando de un otro capaz de sostenerlo física y emocionalmente. Asimetría insoslayable entre el adulto y el niño, asimetría que se caracteriza por la disparidad de saber y poder, y por la discrepancia de posibilidades entre uno y otro.

A través de los cuidados que el adulto realiza con el niño, van teniendo lugar las primeras vivencias de satisfacción que favorecerán la supervivencia del niño. “En este sentido, y más allá de la mamá, el papá, lo homo, lo hétero, lo que es antropológico, universal en la constitución psíquica, es esta asimetría y el hecho de que todas las culturas deben ejercer algún tipo de pautación que impida la apropiación del cuerpo del niño por parte del adulto como objeto de goce.” (Bleichmar)

Lo que es necesario es: en primer lugar, la relación de alianza (no ya como matrimonio), en segundo lugar las relaciones de filiación( adulto/niño). Alianza entendida como que nadie que tenga un niño puede estar aislado del resto del mundo con el cual establece la crianza, sea una mujer, un hombre, la escuela, la ley social. Lo que se mantiene es la asimetría y la prohibición, también entre el adulto y el niño. Lo que interesa en el parentesco es la manera en que el sujeto se posiciona frente a la red de pertenencia en la que se articula el niño.

Capacidades parentales

La posibilidad de desempeñar saludablemente las funciones parentales hoy en día viene ligado a la capacidad de amar, de sacrificio y de responsabilidad que han pasado a ser las características esenciales de la familia en la educación de un hijo. También la capacidad de adaptarse a las necesidades de cada hijo en su singularidad y de ajustarse a su edad evolutiva cobra relevancia. Así como, la cesión de espacios individuales de los padres y de ciertos aspectos de su identidad que permitan crear espacios mentales en donde acoger a un niño.

La capacidad parental de espera y tolerancia a lo diferente y la transmisión de normas que le permitan el acceso a lo cultural más allá de lo instintivo, sigue teniendo plena vigencia. La transmisión del lenguaje, como actividad representativa es otra de las funciones ligadas directamente a la familia. Y por supuesto, en la familia encontramos las figuras de apego que sirven de modelos en los que identificarse, figuras que le otorgan seguridad y confianza y respetan su propio lugar, sus emociones, sus pensamientos, sus tiempos y su cuerpo.

La posibilidad de los adultos de construir sus funciones parentales de manera adecuada hoy no viene definida por el deseo manifiesto a ser padre o madre, ni por contar con el reconocimiento ante la ley de su cuidado del menor a cargo. Tampoco lo describe la capacidad económica con la que brindar oportunidades a los hijos, ni lo define una clase social, ni un nivel formativo. Sino que: “Vendrá dada por la capacidad de cada individuo para procurar cuidados, constituirse en figura de apego segura y confiable, y en la posibilidad de poder brindar un ambiente facilitador que permita que el individuo logre desarrollar su potencial”. (Monserrat)

Ser madre o ser padre implica el reto a encontrar y desarrollar sus propios recursos con los que desempeñar la función parental, más allá de las identidades de género o elecciones de objeto. Una oportunidad en la que desarrollarse y descubrir aspectos novedosos propios, de la pareja y del propio hijo en desarrollo.

Bibliografía de referencia:

Bleichmar, S. (1999) “Entre la producción de subjetividad y la constitución del psiquismo”. Revista Ateneo Psicoanalítico “Subjetividad y propuestas identificatorias”, Nº 2, Buenos Aires, 1999.
Monserrat, A. (2017) Ponencia presentada en las Jornadas de Psicoanálisis del niño y del adolescente de la Asociación psicoanalítica de Madrid.
Muñoz de la Cruz, M.L. (2015) “Padres e Hijos”. Cap 7. Cine & Psicoanálisis. Ed. Colegio Mayor Universitario Isabel de España.

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