Las vivencias de desamparo en la migración – Psicología y migración

Vivencias de desamparo en la migración

“Nos delata el equipaje
y la duda al caminar…”
♥ Equipaje. Jorge Drexler

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Ya hemos viajado ahora nos toca llegar. ¿Llegar?, ¿A dónde?, ¿Qué hago? Es tiempo de abrir las maletas y empezar a transitar por el nuevo lugar de destino. Ya ha quedado atrás el tiempo de los abrazos, las emociones y el bullicio de la despedida, ahora como el buceador que acaba de sumergirse en el océano, nos adentramos en un repentino silencio. Un salto y ¡Allá va! Al encuentro de un nuevo hábitat por descubrir. Un silencio de cierta paz y libertad por lo dejado atrás, mezclado un poco con inquietud ante lo desconocido por vivir.

Así vamos los inmigrantes entre ilusiones y temores descubriendo nuevos mundos. Como submarinistas maravillados de llegar a una gran barrera de coral a la que explorar. Nadamos por aquí, por allá, nos dejamos llevar un poco por la corriente, buscando bosques submarinos a los que contemplar. A veces también vamos acompañados y guiados por extensos cardúmenes, otras veces nadamos en soledad adentrándonos en aguas profundas, oyendo sólo nuestra respiración.

El proceso de integración en la migración

“Barquito de papel
sin nombre, sin patrón
y sin bandera
navegando sin timón
donde la corriente quiera”
♥ Barquito de papel. Joan Manuel Serrat

En la superficie conocíamos -un poco más- nuestras capacidades y los diferentes riesgos a los que nos enfrentábamos o a las situaciones que podíamos tener que atravesar. Pero una vez sumergidos, cada buzo, debe despojarse de su equipaje habitual, liberándose de pesos y utensilios innecesarios y molestos para este nuevo hábitat y así poder entrar en un traje nuevo más adecuado para adentrarse en un mundo submarino desconocido. Así los inmigrantes nos vemos en la disyuntiva de dejar de lado ciertas características propias en vías de la adaptación al nuevo lugar.

Como el buceador tendremos que adquirir nuevos modos para comunicarnos con otros y aprender a convivir en el nuevo ambiente. Nuestro cuerpo, sentido de orientación y referencias ya no responderán igual bajo el agua. Así los inmigrantes aprendemos muchas cosas que nos enriquecen, descubrimos otros modos en los que movernos, nuevas sensaciones, experimentamos novedosos sonidos, aromas, sabores, climas y hasta los rayos de luz, bajo la superficie muestran otro matiz.

La apertura al mundo y la libertad

“…Con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
probarme otros nombres,
colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré…”
♥ La del pirata cojo. Joaquín Sabina

La inmensidad del gran océano brinda la posibilidad al buceador de explorar con sensación de apertura al mundo y liberación. Ampliando fronteras mentales. Jugando con las fantasías de empezar nuevas etapas libres de lo dejado atrás, una ruptura de pareja, una etapa de malestar, de limitaciones. Todo por hacer, todo por aprender. ¡Aquí si todo podrá ser distinto! Podré hacer cosas diferentes, conocer gente nueva, lugares impresionantes, recorreré sitios remotos inimaginables. Me espera una vida más tranquila, en paz, más próspera. Cada aspecto que se descubre aporta nuevas oportunidades en la migración: poder caminar tranquilo por la calle de noche, apreciar reconocidos monumentos, degustar nuevos manjares. Las novedades que va encontrando el inmigrante que lo emocionan y que contribuyen en su adaptación.

Algo conocido

“Meses navegando
tierra a la vista
todo volverá a ser como fue…
Las luces de la costa
son faros del pasado
todo volverá a ser como fue…”
♥ Hombre al agua. Gustavo Cerati

Todo submarinista llega un momento que necesita regresar a la superficie, descansar, compartir lo experimentado y conocido, recargar su botella para una nueva inmersión. Pasado el tiempo de la novedad suelen manifestarse sensaciones de ansiedad y temor, no sólo frente a lo desconocido sino también ante la vivencia profunda de desamparo presente en la migración. Toca recorrer aguas profundas, a veces oscuras y solitarias. Los que venimos de América solemos decir “cruzar el charco” intentando reducir esas distancias oceánicas que nos separa de nuestros seres queridos.

Ante estas vivencias, los inmigrantes vagamos por las calles buscando algo que nos resulte conocido, un aroma un sabor o un rostro familiar, una comida conocida, una persona que nos ayude frente a las sensaciones de incertidumbre y ansiedad que se despiertan en las vivencias de desamparo y de las que buscamos modos de defendernos.

El desamparo en la migración

“La indómita luz
se hizo carne en mí
lo deje todo
por esta soledad”
♥ Rezo por vos.
Charly García y Luis Alberto Spinetta

Una vez en el lugar de destino, suele ser frecuente experimentar sensaciones de desconocimiento y soledad. No entender, no saber, no poder, tener que esperar respuestas, resoluciones, pasa a ser el pan de cada día. Se suelen agolpar una tras otra una serie de vivencias imprevistas de las que no hemos podido anticiparnos y que van mostrando la idiosincrasia característica de cada lugar.

Suele repetirse cierta incomprensión de la lengua del lugar de destino, que aunque sea el mismo idioma, nunca es la misma lengua. Faltan las referencias que nos ayuden a movernos y desenvolvernos en los distintos modos de hacer, situaciones en las que los lugareños suelen dar por evidentes, y los recién llegados nos vemos obligados a ir captando y aprendiendo con urgencia, dando tumbos. Situaciones que intentamos disimular y aprender a la velocidad de la luz para poder empezar cada uno, a su ritmo y manera, el propio proceso de integración.

Estamos en pañales

“Me fui, me voy de vez en cuando a algún lugar
ya sé, no te hace gracia este país
tenias un vestido y un amor, y yo simplemente te vi…”
♥ Un vestido y una flor. Fito Paéz.

La sensibilidad del inmigrante -en su proceso de integración- puede ser abrumadora al igual que la del recién nacido. Las vivencias de desvalimiento y dependencia absoluta experimentadas por el bebé que abandona el vientre materno que lo cobijaba y protegía, necesitan ser contenidas y calmadas en los brazos de su mamá, para dosificarle de este modo las experiencias y presentarle un mundo más amable.

El inmigrante al dejar su “madre tierra” revive algo de éstas vivencias primarias y según su singularidad, las vivirá como más o menos atemorizantes, dañinas o persecutorias; o por el contrario, con mayor sensación de confianza en poder atravesarlas y recuperar la calma perdida. Pero de una u otra manera, la migración representa una etapa de crisis, un profundo cambio de consecuencias importantes que pone a prueba las capacidades adaptativas y resilientes de cada individuo, que puede dar lugar a un cierto renacer en una madre patria dispuesta a tenernos como hijos adoptivos.

Arenas movedizas

“…Desperté soñando que viajaba
desnudo con un maletín…
Arenas movedizas
bajo un cielo de alquiler…”
♥ Arenas Movedizas. Joaquín sabina

Yo salí vestido. ¿Qué ha ocurrido? Recuerdo venir bien equipado, con formación, papeles imprescindibles, energías y buenas dosis de pasión (en el mejor de los casos). Pero es que de repente. ¿Dónde se ha ido ese entusiasmo y buen saber hacer? Nuestras habilidades y destrezas conquistadas durante la vida que estábamos seguros de haber embalado en la maleta, no sabemos donde han quedado. Será debajo de aquello, o en el otro compartimento. Siempre fueron evidentes ¡Cómo que ahora no se ven! Nuestras aptitudes y dones están como inhibidas y nos impiden aprovechar los recursos propios con eficacia.
Inhibidos en nuestras capacidades de pensar y resolver en ese primer tiempo al llegar tenemos que hacer frente a los temores más primarios que nos ponen a prueba como son: el miedo a la perdida de estructuras ya establecidas y pérdida de la acomodación a pautas prescritas en el ámbito social; que generan graves sentimientos de inseguridad, incrementan el aislamiento y la vivencia de soledad y fundamentalmente, debilitan el sentimiento de pertenencia a un grupo social establecido. (Grinberg y Grinberg) Temores de los que buscamos modos de sobrellevarlos, a veces través de contundentes dosis de omnipotencia.
Para recuperarlas -porque en la valija están- faltará tiempo y haber atravesado mucho de lo que implica ser inmigrante más allá de saber de migraciones. Un ser que nunca es pasado, nunca se deja de ser, sino que pasa a ser parte de nuestra esencia e identidad como inmigrantes.

La reorganización en la migración

“Estoy muy solo y triste acá
en este mundo abandonado
tengo una idea, es la de irme
al lugar que yo mas quiera
me falta algo para ir
pues caminando yo no puedo
construiré una balsa
y me iré a naufragar..”
♥ La Balsa. Los Gatos

Para poder reorganizarnos y sobrevivir ante el apabullante desconcierto, los inmigrantes necesitamos que alguien, persona o grupo, en el nuevo lugar cumpla una función de “maternaje y continencia.” (Grinberg y Grinberg) Recorremos las calles buscando ese rostro que potencialmente nos calme, arrulle y acune. Somos adultos -doctores, ingenieros, o lo que sea- que de repente nos vemos en pañales en el mundo necesitando de una figura de apego ante la angustia de separación (Bowbly). Figura representante de una madre interna con características protectoras que pueda cumplir funciones de contención y neutralizar nuestras ansiedades y temores frente a lo nuevo y desconocido, al igual que realiza la mamá con su bebé.

Por ello, cualquier sitio que acoja de buen grado al inmigrante, que demuestre algún interés, cordialidad y/o empatía, que de una mano con el peso del equipaje, ayude en la orientación o cualquier gestión que el inmigrante consiga, puede hacerle sentirse querido, así como cualquier contrariedad puede hacerle sentirse rechazado por el nuevo lugar.

Nuevos roles

Durante el largo proceso de integración en la migración, los inmigrantes podemos sentirnos y actuar como un náufrago que recién toca tierra, que ha perdido las nociones de referencia, los puntos de anclaje, de distancia, de tiempo y de lugar. Ni a sus estrellas que lo han acompañado reconoce ya. Cambiamos horarios, costumbres, números de DNI, a veces se nos suman distraídos nuevos apellidos que ahora hay que llevar. Cambios numerosos y simultáneos, no sólo externos.

A veces nos acompañan los mareos y vértigos largo tiempo, como se acabáramos de desembarcar. En situaciones cruciales de la vida que pueden representar nuevas pérdidas -divorciarse, perder un trabajo, perder un ser querido- podemos volver a perder el equilibrio, a veces un traspiés, otras veces un porrazo monumental tal cual el niño que comienza a caminar. Lo que parecía conseguido en estructuras firmes se replantea y cuestiona. Y es que “La migración es un proceso tan largo que tal vez no termine nunca, como nunca se pierde el acento de la lengua-natal” Grinberg y Grinberg

Navegantes

Otras veces podemos sentirnos y desenvolvernos como un responsable capitán de barco -o de balsas- experto en navegar en alta mar, gran conocedor de atraques en distintos puertos, que lleva varios en su haber y dispuesto a seguir coleccionando. Como todo capitán en funciones sólo puede vivir en alta mar. De aquí para allá siempre llegando, para horas después volver a partir. Suele estar presente la fantasía o la realización de nuevas migraciones, a veces múltiples, que más allá de los motivos nobles que las desencadenen pueden tener algo de una búsqueda a un nuevo puerto ideal al que llegar. Probando aquí y allá, con una fantasía de comenzar de nuevo, buscando algo que lo ayude a amarrar. Un alma ¿libre? y a veces “tan libre” que es imposible o incapaz de amarrar, como un capitán sólo comprometido con el mar.

A veces navegamos cargados de grandes dosis de positividad y omnipotencia. Tesoros conquistados en antiguas batallas ante temerosos piratas en el mar. Como valiente navegante, luchador y decidido, que no se conforma con la serenidad -acostumbrado a librar contra las grandes tormentas de alta mar- que busca nuevos retos que alcanzar.

Así podemos andar los inmigrantes, un lunes como pirata temerario que se sabe culpable de apropiarse cosas ajenas, -seguridad, mayor libertad, mejor estabilidad económica- acostumbrado a enfrentarse en batallas, no siempre externas. El martes andar desanimado mandando botellas al mar como ruegos desesperados de ayuda que lleguen a alguien en algún lugar. Un miércoles estar resuelto y ágil como un regatista. El jueves un luchador piragüista de aguas bravas, sin saber que nos tocará el viernes. ¿Navegar en soledad plácidamente en un velero o buscar tesoros abandonados? Tal vez, con mapas de algún antecesor -que ha realizado el viaje buscando paz y prosperidad- en estas tierras, cuando las corrientes le llevaban en esta dirección.

¿Llegará un día de pisar tierra firme y poder sembrar? ¿Un sitio que sea nuestro sitio?

Bibliografía de Referencia:
Grinberg, L. y Grinberg, R. (1984). Psicoanálisis de la migración y del exilio.  Alianza Editorial, Madrid.
Bowbly, J. (1989). Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Ed. Paidos. Barcelona.

Ilustraciones: Tute. Juan Martín Loiseau.

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