Los mecanismos de defensa del emigrante – Psicología y migración 3

Psicología y emigración 3. Mecanismos de defensa del emigranteEl bolso de mano del emigrante -Mecanismos de defensa, pertenece a la serie de artículos de Psicología e inmigración (7 artículos) y es precedido por: (1) La maleta del inmigrante y (2) Las vivencias de desamparo en la migración.

El bolso de mano

“Algo fue que me olvidé cuando me fui
de cada lugar donde viví
no pude darme cuenta hasta hoy,
no pedí nacer así, pero así soy…”
Mi Bandera. Andrés Calamaro

Todos los emigrantes, además de contar con nuestro equipaje, viajamos con un bolso de mano del que nunca nos separamos, en donde guardamos lo esencial. Nuestro kit de supervivencia, un 112 psíquico personal, que actúa como equipamiento de rescate ante las vivencias de soledad y desamparo (que describí en el post anterior), que en mayor o menor intensidad están presentes en la migración.

En ese bolso nunca faltan: las gafas con las que mirar el mundo (ajustadas o que distorsionan la realidad), los pañuelos (con nombres bordados en la memoria) a los que sujetarse cuando las lágrimas se escapan, el pasaporte que le recuerda quién es: lo ubican en su linaje y origen, aspectos claves de la identidad, alguna dirección donde llegar o un nombre por el que preguntar y unas monedas para la subsistencia básica. Aunque compacto, tendremos reflejados sobretodo nuestros modos de desenvolvernos en las vivencias más dolorosas, no siempre posibles de aceptar y expresar de modo consciente.

Distintos emigrantes

“Una maleta casi vacía
al igual que muchos
tú también partías
y ese momento
que tu nunca olvidarás”
Franco de Vita

Las vivencias, preocupaciones y retos a enfrentarse en la adaptación pueden ser muy diferentes entre los inmigrantes. No será igual viajar preparado para tener una experiencia puntual en otro país, a decidir probar como es vivir en otro lugar contando con la posibilidad de retorno a emigrar forzado como refugiados o exiliados donde el retorno puede ser imposible o incierto.

La similitud cultural, religiosa o el lenguaje entre el origen y el destino serán variables cruciales en el proceso de adaptación que el emigrante debe realizar. A mayores diferencias mayor el desafío. Tampoco será igual contar con un cierto reconocimiento profesional en el país de destino como ocurre con artistas, escritores, músicos, científicos, profesionales, diplomáticos, deportistas, profesores o becarios que intercambian o colaboran en otros organismos o universidades. En éstos últimos, la migración suele enriquecer sustancialmente y no afecta de manera masiva la identidad, ya que en ciertas áreas se mantienen casi intactas; cosa que no sucede en la mayoría de migraciones en donde la identidad sufre un gran impacto.

Distancias digitales

 “Benditos los rollos de papiro
benditas servilletas de los bares
que han guardado
idénticos suspiros
desde el cantar
de los cantares…
Telefonía Jorge Drexler

Hoy además del kit de supervivencia, nuestro bolso de mano llevaría tableta, móvil, portátil liviano, cargadores donde “enchufarnos” para recuperar las fuerzas, recibir algún mensaje de mamá, unos minutos de FaceTime con un amigo. Las nuevas tecnologías acercan fronteras y acompañan a los actuales emigrantes. Pero, si echamos la vista atrás unos pocos años, con suerte conseguías realizar una llamada desde una cabina a precio desorbitado para el extranjero esperando que algún teléfono fijo tuviese a alguien cerca que lo responda; y años atrás los suspiros se mandaban por cartas navegantes.

Por ello era esencial que el bolso de viaje viniera cargado con los abrazos y los besos de nuestra historia y la foto del monedero que nos recordaba alguna vivencia, hoy tal vez sería en una foto de Facebook o Instagram. Esos bolsos viajaban con notas o libretas con números de teléfonos viejos apuntados, a los que había que agregar prefijos y ceros, hoy llamamos por WathsApp mientras vamos en el bus. Pero en otros tiempo viajábamos acompañados por unas pocas fotos -en la memoria- a las que recurrir cuando la soledad mostraba su cara y el paso del tiempo desgastaba el cuero de nuestro bolso durante nuestra búsqueda de un sitio donde vivir, un trabajo para subsistir y un rol que ocupar para alguien. Proceso de reubicación que implica enfrentarse a momentos complejos, a veces causantes de mucho dolor, que requieren rescates varios.

Mecanismos de defensa en la migración

Cuando el dolor se vuelve difícil de tolerar recurrimos a nuestro kit, que en Psicología se llaman mecanismos de defensa y se refieren a ciertos funcionamientos psíquicos con los que intentamos protegernos de la angustia. Son esenciales, nos ayudan a no flaquear y no siempre nos percatamos de ellos conscientemente.

De estos mecanismos existen distintos tipos, unos afectan más a las fantasías y otros a las capacidades cognitivas; algunos son mecanismos defensivos más evolucionados que otros más primarios o primitivos. Éstos últimos, cuando se utilizan repetidamente suelen ir asociados a diversas dificultades psíquicas y pueden entorpecer el proceso adaptativo del inmigrante y alterar gravemente su modo de ver el mundo y relacionarse con quienes le rodean.

Me refiero a la negación, idealización, proyección, disociación, pensamiento omnipotente, intelectualización y la relación con el alimento y el sueño como modos de refugio ante el dolor. Refugio necesario pero siempre con caducidad. Veremos cada uno de ellos:

Los primeros tropiezos ¡Esto no puede ser verdad!

“Solo voy con mi pena
sola va mi condena
correr es mi destino
por no llevar papel…”
Clandestino Manu Chao

Aparecen las primeras desilusiones y choques con la realidad que en cierta medida los emigrantes nos rebuscamos en disimular y negar durante un tiempo -poniéndonos las gafas más oscuras que tengamos delante- para no tener que digerir tanta amargura recién llegados. Tal vez no entendí bien, ¿Cómo que no puedo conducir si llevo 20 años conduciendo?, ¿Un aval?, ¿Carencias profesionales?, ¿Qué tengo que dar prueba de aptitud?, ¿De conocimiento de la lengua?, ¿Valorar mi conocimiento cultural?

El tiempo del turista se ha convertido en el indocumentado, el fuera del sistema productivo, legal, sanitario… La espera y el tiempo se imponen, en paralelo a las necesidades inmediatas de subsistencia. ¿Y el bienestar? ¿y las posibilidades? de momento tienen que esperar. Tocan tiempos de coraje, hacer sin pausa y ocuparse de la burocracia, convalidaciones, homologaciones, habilitaciones, trámites administrativos, solicitudes de residencia, visados y el anhelo de un Green Card al “paraíso”.

Ver y no ver

«El lento crepúsculo empezó, cuando empecé a ver” Jorge Luis Borges

Para sobrevivir este baño de realidad utilizamos nuestras gafas bien oscuras, esenciales del kit de supervivencia. Las ideales para no ver cuando no se tolera ver. A este mecanismo de defensa se lo denomina negación. El que no ve, no sabe que no está viendo, sólo se percata cuando cambie sus gafas por unas debidamente graduadas, sin tonalizar y vea por primera vez todo lo que hasta ese momento no veía, o sólo esbozos en sombras y que siempre estuvo ahí.

No es que los inmigrantes no seamos inteligentes o racionales, sino que duele mucho reconocer que no se es parte, el sentimiento de pertenencia y de aceptación es crucial en el ser humano. “No soy de aquí ni soy de allá”, puede ser una carga difícil de llevar hasta en las maletas más modernas y ágiles.

Un mundo color de rosa

“El paraíso en la otra esquina” M. Vargas Llosa

Otras veces cambiamos por las gafas floreadas del “Don´t worry, be happy” que nos traen esa bonita melodía pegadiza, que nos cambian cualquier cosa al color rosa, hasta las cosas más oscuras e insignificantes se vuelven postales de un mundo Wonderful. Estas gafas, mezcla de negación e idealización pueden propiciar desde estados hipomaníacos a vivencias de bienestar psíquico y corporal que suelen ser pasajeros. El usuario de las mismas no conoce su efecto anestésico tan esencial para ir sobreviviendo y postergando un poco ese encuentro con la realidad que duele. Con éstas gafas toda la rabia, desilusión y desprecio suelen ligarse al país de origen (gris oscuro y viejo) y en el de destino se proyecta todo lo valioso, excitante y novedoso (lleno de diademas de flores coloridas).

“Los verdaderos paraísos, son los paraísos perdidos”. J. Luis Borges.

A veces pasa que el lugar idealizado no es el lugar de destino sino el de origen, y el poseedor de todos los males es éste insensible que nos acoge que ahora miramos con lupa y no le dejamos pasar una. Este proceso puedeprovocar la añoranza impotente del país natal, que a veces lleva a la creación de una minicomunidad, como también a una pseudoadaptación estereotipada en base a concepciones ilusorias del lugar. En ambos casos la idealización se acompaña de intensa persecución y aislamiento de la realidad.” (Podruzny y Vispo).

Maneras de expresarnos

“…En invierno no hay sol
y aunque digan que va ser muy fácil
es muy duro poder mejorar
hace frío y me hace falta un abrigo
y me pesa el hambre de esperar…”
Confesiones de invierno. Sui Generis

El dormir mucho también puede ser un refugio evasivo ante las experiencias de disgusto, funciona como ocurre en la fantasías de huida en la depresión. “En otras ocasiones, este mecanismo fracasa y las mismas fantasías inconscientes se expresan de manera opuesta, determinando trastornos del dormir, con insomnio o sueños agitados” (Grinberg y Grinberg).

“Sólo es nuestro lo que perdimos” J. L. Borges

La comida como símbolo del vínculo primario más temprano y estructurante que se ha tenido con la madre también puede servir como modo de defensa y expresión de las emociones. Por ejemplo con una profunda añoranza a las comidas que representan las características de la tierra de origen y un rechazo a los platos típicos del nuevo lugar. La comida puede servir para calmar la ansiedad en un intento de llenar el vacío creado por las distintas pérdidas sufridas en la migración. Aparecen el comer compulsivo, o el comer con connacionales teniendo momentos que actúan como una especie de mitos recordatorios.

Las comidas socialmente acompañan cualquier festejo, por lo que podemos entender que aquellas con mayor significación del año -cumpleaños, navidad, fin de año- sean fechas siempre sensibles para todo inmigrante. Se expresa en la mesa con sitios vacíos en el país de origen así como en la mesa semi-vacía del lugar de destino.

Pobrecito

Hay algunos bolsos de mano, que deben permanecer impolutos, donde no se puede quedar ni una miga dentro, ni un papel de un caramelo, ni una mancha, que deben permanecer siempre radiantes y relucientes y que los  mendrugos, miserias y los flecos propios los carguen otros. Que se sacuden en cada esquina dejando las basuras inservibles por ahí. A este mecanismo de defensa se lo denomina proyección, puede observarse frecuentemente en los emigrantes y consiste en que el sujeto atribuye a otras personas los propios defectos y carencias de su migración.

Todo bien separadito

“No se si es Baires o Madrid
nada te importa en la ciudad
si nadie espera.”
Pétalo de sal. Fito Paez

Hay bolsos de mano con compartimentos bien separaditos, que nos ayudan a contrarrestar ansiedades y evitar la amenaza de los sentimientos de confusión entre lo nuevo y lo viejo. Carteras que nos permiten separar tajantemente entre un sitio maravilloso y uno casi que insignificante. Lo que pasa es que al abrir un compartimento u otro a veces se nos vuelve prodigioso aquel que hace un ratito era el depósito de todos los males y desgracias. ¿Abrí de este lado?, no del otro, suele preguntarse repetidas veces el emigrante.

En este tiempo necesitamos tener esa disociación en lados bien alejados lo que pertenece a cada lugar. Este mecanismo disociativo en un primer momento nos protege de la confusión de no saber en quién confiar, quién puede protegernos, a quién escuchar entre toda la inmensidad. ¿Éste es de lo buenos o de los malos? clasifican en sus juegos e historias los niños, así vamos los emigrantes tratando de organizar nuestros espacios mentales.

La omnipotencia del emigrante

“A veces me desdoblo y me digo al oído:
¡Qué bueno respirar, sentirte vivo!
¡Qué bueno que te cruces por mi camino!
Rodeado de un espejo circular,
soy feliz con esta esquizofrenia tan particular…”
Canción del amor propio. Ismael Serrano

Dejando las cosas bien separaditas, tiramos de nuestras dosis de omnipotencia, hacemos uso de la autosuficiencia forzosamente aprendida, de la capacidad para sobreponernos a situaciones, de las mayores dosis de positividad y con paso firme y decidido atravesamos desiertos emocionales y emprendemos cruzadas de todo tipo que nos ponen a prueba, lo cual nos reporta sensaciones de autosuficiencia y poder.

Trabajamos lo inimaginable, luchamos sin descanso por encontrar un sitio, hiperactivos en busca de adaptación, por aprender los códigos y adquirir herramientas para movernos en los territorios desconocidos, calles nuevas y espacios dentro de uno mismo nunca transitados que conectan con nuestras sensaciones de soledad y de lo perdido.

Ser emigrante

“Quiero elegir del mapa un lugar sin nombre a donde ir
sera el lugar donde viva lo que quede por vivir
(eso es mucho tiempo!)
por eso de cada viaje me traigo el equipaje perdido
por eso es que he decidido nunca olvidar, nunca olvidar …”
Donde manda marinero. Andrés Calamaro

Saber de emigración no es lo mismo que saberse y aceptarse emigrante. Aceptar que uno es y siempre será emigrante, pasa a formar parte de la identidad y requiere aceptar muchas cosas. Por eso podemos apartarnos de nuestras propias emociones para eludir el dolor -por un tiempo- recurriendo a la intelectualización que nos permite bloquear el conflicto inconsciente con su asociado estado emocional. Las intelectualizaciones nos muestran más de un estado mental y emocional difícil de soportar. En cambio, asumir en plenitud y profundamente la verdad y la responsabilidad absolutas inherentes a la condición de emigrante, nos habla de cierto dolor que puede ser asumido e integrado.

En la medida que el individuo puede ir elaborando la experiencia de su migración pudiendo integrar aspectos y sentimientos negados y disociados, se incrementa su capacidad para padecer su dolor. Tendrá entonces un mayor conocimiento de las experiencias que ha vivido, no de tipo intelectual sino vivencial; no sólo sabrá que ha emigrado sino que será un emigrante, aspecto que no es un estado transitorio sino algo que pasa a formar parte de nuestra identidad. Uno nunca deja de ser emigrante, por más hijo adoptivo de la ciudad que sea.

No soy de aquí ni soy de allá

“Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy
por todo y a pesar de todo
mi amor yo quiero vivir en voz”
Serenata para la tierra de uno.
Maria Elena Walsh 

Los numerosos cambios a los que debe enfrentarse el emigrante y las cuantiosas pérdidas requieren de un cierto proceso de reorganización psíquica para poder salir enriquecido. Por ello, las posibilidades de beneficiarse  de la nueva cultura o salir dañado vendrán dadas por distintos factores complejos y personales que interactúan entre sí. En donde la historia previa de cada sujeto, sus primeras relaciones afectivas, sus modos de funcionamiento psíquico -que incluye sus modos defensivos- tendrán un lugar crucial para entender el interjuego entre el equipaje de cada emigrante y las experiencias que le tocarán vivir en el lugar de destino.

Integrarnos

“Lo primero que quise fue marcharme bien lejos
en el álbum de cromos de la resignación…”
Tan joven y tan viejo. Joaquín Sabina

En algún momento necesitaremos congeniar, fraternizar nuestros compartimentos internos y ver que hacer, lo mejor que podamos con nuestras emociones divididas, recuerdos archivados, donde lo antiguo y lo nuevo exige hacerse historia, digerirse y entenderse. Lo ganado y lo perdido se pone sobre la mesa. Es hora de quitarse gafas oscuras, gafas floreadas y bien despiertos empezar a observar y sentir lo que nos rodea. Lo  nuevo que nos reporta oportunidades y lo que se ha ido perdiendo por el camino.

Toca observarse internamente, revisar poco a poco algunos compartimentos del equipaje, aquel bolsillo sin abrir, el cierre escondido del doble fondo que guarda los contenidos más sensibles, el del miedo, el bolsillo de la soledad, de lo perdido, el recoveco de las ilusiones que han ido quedando archivadas. Lentamente vamos pudiendo mirar nuestros aspectos más íntimos, parados frente a frente con el sentimiento de desarraigo. De cara con las angustias determinadas por las pérdidas masivas de todo lo que se ha dejado y que se teme no poder recuperar jamás. Esto requiere atravesar un trabajo de duelo, de enfrentarse a lo que no fue, lo que no pudo ser y lo que no será; para sólo desde allí poder construir lo que pueda ser.
Bibliografía de Referencia:
Grinberg, L. y Grinberg, R. (1984). Psicoanálisis de la migración y del exilio.  Alianza Editorial, Madrid.
Podruzny, M. y Vispo, C. A. (2002) “Cambios psíquicos en la migración. Cambios de la estructuración psíquica en la migración”. Psicoanálisis APdeBA – Vol. XXIV – Nº 1/2 – 2002 217. Buenos Aires.

Artículos relacionados: (4) Los duelos del inmigrante. (5) Tomo la maleta y regreso. (6) La identidad en la inmigración (7) La migración en la infancia y adolescencia.  (8) Psicoanálisis aplicado – Un proyecto en un campo de refugiados.

Los mecanismos de defensa del emigrante – Psicología y migración 3
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